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Casada aún no divorciada dez 25

 Hasta hace unos días hablaba del Morro desde Buenos Aires, con mis recuerdos de  vacaciones reiteradas a lo largo de quince años. Verano, invierno, (si es que eso existe) primavera, otoño, pues cuando no he podido llegar en el verano lo he hecho en otra temporada. Hablaba, o más bien escribía, con ese enamoramiento que nos producen ciertos lugares a los que regresamos una y otra vez con placer, aún sabiendo que en el mundo hay muchos lugares bellos donde ir, porque éste es el que hemos elegido.

Hace poco llegué a mi deseada isla. Me costó. El catamarán nos hizo esperar dos horas en el embarcadero de Salvador. Luego tardó en su viaje una hora más de lo habitual. ¡Seis horas para llegar de Salvador al Morro!, lo mismo que desde Buenos Aires a Salvador. Perdí casi un día de mis vacaciones.  Aún así no le di importancia, por fin había llegado. Comenté a la gente conocida lo sucedido, y bromeé con que mejor me hubiera ido haciendo el viaje por Itaparica, habitualmente más largo, a lo cual respondieron que también el Ferry estaba funcionando irregularmente. ¿También?  No pasaban estas cosas en años anteriores, pero según lo escuchado, pasa con frecuencia ahora.

¡Epa!, pensé. No es fácil llegar a Morro, pero tenía la ventaja de que aún con sus dificultades, los transportes eran previsibles y nada perturbaba el encanto de esos viajes. Bueno, a otra cosa, me dije. Este lugar sigue valiendo todas las dificultades.

Al otro día me enteré de un par de asaltos a turistas y luego a un nativo ocurridos cerca de mi paradero. De pronto caminar sola por la noche comenzó a resultar atemorizante y dormir con los ventanales abiertos, inquietante. ¿Qué está pasando aquí?

Todas las cosas tienen alguna explicación, y aunque la desconozca, puedo suponer. Quiero pensar que las empresas de transporte tienen algunos barcos o ferrys en reparación para comenzar la temporada a pleno con todas sus unidades. Eso justificaría el mal servicio de los primeros días de diciembre.

Quiero suponer que los asaltos  se deben a personas ajenas al lugar que pronto serán descubiertas y sacadas de la isla  por las diligentes autoridades policiales. (¡Esta es una isla donde la mayoría de la gente se conoce!). Quiero creer que nada podrá disminuir la armonía y la alegría del Morro de San Pablo…No quiero divorciarme del Morro. Tampoco me gustaría que otros se divorciaran de él.

Y para ello, como en un matrimonio, habrá que revisar el convenio tácito que se generó alguna vez, y si no se quiere perder lo que se tiene, cuidarlo como se debe. Por mi parte lo cuido, no ensucio ni depredo la naturaleza, hablo bien de sus gentes y sitios, gasto en sus comercios y trato con afecto y respeto a sus habitantes y a todo ser vivo. 

Ahora espero ver qué hacen con su parte los empresarios y los responsables del lugar.

 

islaamor

islaamor

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